El desempleo ha demostrado ser desenlace de un efecto cascada en el modelo económico de las naciones: tanto el comercio formal como el informal se encuentran parados, lo que implica una reducción en los ingresos y, eventualmente, el despido de trabajadores para librar la cuesta.

Es bien sabido que las pequeñas y medianas empresas (pymes) de giro no esencial son las más afectadas. No obstante, la Mtra. María Elena Pérez Pulido, directora del Departamento de Negocios de la IBERO Puebla, reconoce que nadie se salva. “En el clúster del sector automotriz se prevé que habrá un 20% de despidos”. Sólo en Puebla, hasta 18,000 personas de este rubro podrían quedar sin empleo.

Otro ejemplo ilustrativo de grandes conglomerados en crisis es la industria cervecera. Ante la emisión de restricciones para la venta de alcohol, las empresas se han visto obligadas a desperdiciar sus productos y paralizar un sector que genera 50 mil empleos directos y 600 mil indirectos.

De acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), se han perdido 500 mil empleos por el coronavirus. La estrategia más reciente del Gobierno mexicano ha sido la entrega de créditos de solidaridad a la palabra, mismos que se acercan al millón de operaciones aprobadas.

Para Pérez Pulido, se trata de una medida insuficiente que, estima, sólo estará al alcance del 7.6% de las pymes: “Las consecuencias a futuro tienen que ver con la generación de deudas que obstaculizarán la recuperación financiera y la cobertura total de nóminas”. Además, añade que la cantidad otorgada en cada crédito (25 mil pesos) es insuficiente para solventar gastos.

Acciones fiscales

La académica añade un dato contrastante: de acuerdo con el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Puebla es la segunda entidad en estrategias gubernamentales para no perder empleos, siendo los estímulos fiscales a microempresas uno de los rubros más sobresalientes.

 

Este último rubro ha causado especial fricción entre la iniciativa privada y las instancias públicas, pues la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) ha puesto sobre la mesa la posibilidad de aplazar las contribuciones con el fin de rescatar a las pymes. Esta medida controversial no ha pasado desapercibida en las conferencias matutinas del Ejecutivo Federal.

“Es tiempo de unir esfuerzos: esta política de condonar el impuesto sobre la nómina o retrasar los pagos al Seguro Social puede ayudar a que las empresas sigan adelante, lo que, a largo plazo, mantendrá activa la economía”: María Elena Pérez Pulido.

El trabajo desarticulado ha llevado a una serie de acciones unilaterales por ambos bandos, como el acuerdo entre el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Consejo Mexicano de Negocios (CMN) para otorgar apoyos a 30 mil pymes. En cualquier caso, insta la experta: “este es un momento en el que los sectores público y privado deben unirse y llegar a acuerdos”.

Otro asunto en la agenda corresponde a un impuesto al valor agregado para servicios por internet que entrará en vigor el 1 de junio. Si bien la medida ya había sido aprobada antes de la pandemia, su implementación en el contexto actual afecta tanto a usuarios como a las empresas.

Millones de personas han optado por las plataformas en línea para ofertar y adquirir productos por razones de seguridad sanitaria, dejando atrás la creencia de que dichas actividades corresponden exclusivamente a los más ricos. “Este impuesto debió posponerse para salvaguardar la salud de las personas y favorecer la adquisición de bienes y servicios sin salir de casa”.

Informalidad y el futuro

Se estima que alrededor del 66% de la población económicamente activa en nuestro país se encuentra en el sector informal. Las implicaciones directas de esta condición se traducen en una menor recaudación de impuestos y la inaccesibilidad de las y los trabajadores a prestaciones básicas.

La vulnerabilidad de este sector social, enfatiza la Mtra. María Elena Pérez, orilla a las personas a buscar su ingreso diario en actividades de subcontratación o en condiciones inapropiadas. “Tras la pandemia, no sólo crecerá el desempleo o el empleo en el sector informal, sino también el crimen organizado: la gente estará empleada en actividades ilícitas para saldar sus gastos”, advierte.

Lo que nos depara

El confinamiento no es sinónimo de inactividad. Muchas empresas han logrado optimizar sus recursos para adecuarse a las circunstancias. Las capacitaciones a distancia y la reasignación temporal de labores son alternativas para mantener la solvencia de las empresas.

En algunos casos, la estabilidad económica interna ha dado pie a pequeños estímulos monetarios, los cuales llegan con la intención de reforzar la identidad de las instituciones y potenciar la productividad. De no ser el caso, el acuerdo mutuo para la reducción de jornadas laborales y salarios es una manera de salvaguardar las nóminas y hacer frente a la incertidumbre.

Considerando los múltiples factores y escenarios, la Directora del Departamento de Negocios de la IBERO Puebla ve una recuperación paulatina que podría tomar varios años. “Es un largo camino y dependerá mucho de las estrategias que se tengan a nivel federal y no sólo de lo que se haga en la iniciativa privada”, pues a los altos índices de desempleo previos a la pandemia deberán sumarse los daños colaterales posteriores a la misma.